Edición Nº 2846
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Arena común podría reducir costos en construcción de edificios antisísmicos

Investigaciones recientes sugieren que el uso de materiales granulares abundantes facilitaría la creación de infraestructuras más seguras y económicas en zonas de alta sismicidad.

Redacción Jornada Central
Foto: xataka.com.mx

En un contexto donde la seguridad estructural es una prioridad para ciudades altamente sísmicas como la Ciudad de México, especialistas en ingeniería civil exploran alternativas a los materiales convencionales. Si bien el acero y el concreto reforzado han sido los pilares de la construcción moderna, un estudio reciente apunta a que la arena, uno de los materiales más abundantes del planeta, podría desempeñar un papel crítico en la disipación de energía durante un sismo.

El principio fundamental de esta propuesta técnica radica en el comportamiento de los medios granulares bajo presión. Al integrar capas de arena tratada en los cimientos de las edificaciones, los ingenieros buscan crear un mecanismo de aislamiento sísmico pasivo. Este sistema permitiría que el suelo bajo la estructura se desplace de manera controlada, reduciendo la aceleración que llega a la superestructura y minimizando los daños estructurales tras un movimiento telúrico.

De implementarse a gran escala, esta tecnología ofrecería una alternativa significativamente más económica que los aisladores sísmicos de alta tecnología importados, los cuales suelen elevar los costos de construcción en zonas urbanas densas. La accesibilidad de la arena permitiría que proyectos de vivienda social y obra pública logren estándares de seguridad comparables a desarrollos de lujo, un objetivo que ha sido planteado por diversos colegios de ingenieros en los últimos meses.

No obstante, la comunidad académica enfatiza que la transición del laboratorio a la obra civil requiere una validación rigurosa bajo la normativa del Reglamento de Construcciones para el Distrito Federal. La investigación continúa enfocada en determinar la granulometría precisa y los procesos de compactación necesarios para garantizar la estabilidad a largo plazo, evitando problemas como la licuefacción del suelo que podrían comprometer la integridad del edificio.

La adopción de estos métodos podría transformar radicalmente el panorama de la infraestructura en México, especialmente en estados con alta actividad sísmica como Oaxaca, Guerrero y Chiapas. Si los resultados de las pruebas de campo en curso son positivos, se espera que los organismos encargados de la infraestructura urbana impulsen reformas que permitan integrar estas soluciones granulares en los nuevos códigos de edificación nacional.

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