Edición Nº 2846
Jornada Central

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La construcción de barcos de hormigón ante la escasez de acero

Durante la Segunda Guerra Mundial, la industria naval recurrió al hormigón como una alternativa ante la falta de acero, creando una flota inusual para el transporte marítimo.

Redacción Jornada Central
Foto: xataka.com.mx

Durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, las potencias aliadas enfrentaron una crisis crítica de suministros que obligó a los ingenieros navales a buscar alternativas materiales para la construcción de buques de carga. Ante la escasez de acero, recurso indispensable para el esfuerzo bélico, se implementó un programa emergente para fabricar embarcaciones utilizando hormigón armado, un material que, aunque pesado, permitía mantener la producción logística necesaria para el conflicto.

Cada que pensamos en un barco, imaginamos modernos buques de acero o bien nos remontamos a las antiguas civilizaciones que utilizaban madera. Sin embargo, en la década de los cuarenta, el uso de concreto reforzado con acero en los cascos de los barcos se convirtió en una solución técnica necesaria. Aunque el hormigón es significativamente más denso y pesado, su capacidad de flotación, debidamente calculada mediante principios de arquitectura naval, permitió que estas estructuras cumplieran misiones de transporte y apoyo durante el periodo de hostilidades.

La construcción de estos navíos se realizaba en diques secos donde se vertía el concreto en moldes de gran tamaño, reforzando la estructura con una red interna de varillas de metal. A diferencia de las embarcaciones convencionales, estos cascos requerían de un proceso de curado específico para garantizar la integridad del material frente a la presión hidrostática y las condiciones corrosivas del agua salada. Tras finalizar la guerra, la mayoría de estas unidades fueron retiradas o hundidas para servir como rompeolas artificiales en diversos puntos costeros.

Hoy en día, este capítulo de la historia de la ingeniería naval es recordado por historiadores y especialistas como un ejemplo de adaptación industrial ante la adversidad. Aunque el hormigón no sustituyó al acero en la construcción naval moderna, el legado de aquellos barcos persiste en museos y como estructuras de protección costera, demostrando que la innovación tecnológica a menudo surge de las restricciones impuestas por la falta de recursos fundamentales.

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