Edición Nº 2846
Jornada Central

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Tecnología

La lección de calidad que cambió el destino de Samsung

En 1995, Lee Kun-hee marcó un antes y un después en la industria tecnológica al ordenar la destrucción masiva de miles de productos defectuosos.

Redacción Jornada Central
Foto: xataka.com.mx

El punto de inflexión en la historia de Samsung ocurrió en 1995, cuando el entonces presidente de la compañía, Lee Kun-hee, tomó una decisión radical que definió su cultura de calidad. Ante la evidencia de fallas técnicas en una línea de teléfonos móviles, Lee ordenó la recolección y destrucción pública de cerca de 150,000 dispositivos en una planta de Corea del Sur. Este evento, que incluyó prender fuego a los aparatos frente a los empleados, simbolizó el compromiso absoluto de la empresa con la excelencia en sus procesos de manufactura.

El impacto de este episodio fue transformador para la organización, que en aquel momento buscaba consolidarse como un líder tecnológico global. La medida no solo eliminó el inventario defectuoso, sino que forzó a todos los niveles de la compañía a repensar sus estándares de producción. Este cambio de mentalidad permitió que la marca dejara atrás la percepción de ser un fabricante de bajo costo para convertirse en una referencia mundial en innovación y durabilidad técnica.

Para el mercado mexicano, donde los productos de la marca tienen una presencia consolidada, este antecedente es un ejemplo recurrente en las facultades de administración y negocios. La estrategia de priorizar la calidad sobre el volumen de ventas inmediato es un caso de estudio sobre cómo una crisis puede convertirse en una oportunidad de reestructuración corporativa. En un entorno global competitivo, las empresas buscan constantemente este tipo de giros estratégicos para asegurar la confianza del consumidor a largo plazo.

La historia de Samsung ilustra que los momentos críticos requieren acciones decisivas para redirigir el rumbo de cualquier entidad. Mientras las compañías enfrentan retos actuales en la cadena de suministro y la exigencia de estándares más altos, la lección de 1995 permanece vigente. La integridad del producto no es negociable, y cualquier deficiencia en la calidad puede ser el catalizador necesario para una transformación profunda y duradera.

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